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jueves, 2 de mayo de 2013

Los trajes Chinantecos de San Felipe Usila


Jesús Rafael Santaella

A orilla del rio, bajo una vertiginosa parada  de roca que baja a pico  desde 400 metros  de altura  se encuentra el pueblo de san Felipe Usila. 

De las chozas de tronco de techo muy empinado, asoman  las mujeres Chinantecas  en sus vestidos coloreados , son huipiles  de tres lienzos , tejidos  a mano de 90  centímetros  de largo por  70 u 80 de ancho . Hay  de dos clases: los primeros  más sencillos y  usados con menor frecuencia, son de algodón  rojo  atravesando  por rayitas  azul marino y verde. Las  tres secciones  están unidas  por una amplia franja vertical (de 5 centímetros de ancho)  con tramos de diferentes colores ; el escote , cortando en redondo ,  se engalana  con un listón  que forman picos y a veces   también con una punta de encaje  de bolillo .

Sobre los hombros, el pecho, la espalda y la orilla inferiores  del huipil, las franjas  horizontales (de 15 centímetro  de ancho)  tienen dibujos geométricos y están tejidas con hilos multicolores. En el lienzo  central  otras franjas, más angostas  bajan  hasta la orilla, y se alternan  con bordado en punto de cruz que representan animales.

 Estos huipiles no se adornan con listones  ni con cintas. Los otros son más elaborados  más apreciado y de uso más frecuente  están tejidos en la totalidad de sus tres lienzos, con franjas de distintos tamaños  y matices, algunas  lisas, otras cubiertas  de dibujos geométricos cada uno de los motivos es diferente  y esta labrada con algodón  o artícela de muchos colores, la orilla se engalana con una franja, de 10 centímetros de ancho, compuesta con listones de colores contrastantes, cosidos horizontalmente  y rematados por un encaje blanco. Cubren las costuras otros listones y tiras  de espiguilla en tonos vivos; también el escote está acabado con un listón, cortado en picos, y con un bordado en cadeneta. Cuatro cintas de artícela y una punta  de tul bordado forman la manga  y como si faltaran adornos de las cucardas triples cuelgan en los hombros, cuelgan manojos multicolores de espiguilla y listones.

Estos llamativos huipiles ocultan un secreto inexplicable: cuando las usileñas terminan sus tejidos tan complicados, pintan la mayor parte   de las franjas policromadas con fucsina y dejan solo las más angostas con el tinte original del hilo.

Otra  técnica  consiste en zambullir  toda la prenda de fucsina: las franjas de artícela no  cogen el tinte  y quedan con su color. No hemos podido comprender la razón de este trabajo adicional , que parece destruir toda la labor precedente; empero hay que reconocerlo , el color morado oscuro hace resaltar de maravilla los ojos azabache y la tez  morena de las Chinantecas  la falda es de percal floreado o liso, montada en pretina y asoma unos escasos 5 centímetros bajo el huipil; la mayoría de las mujeres la usan, para abrigarse tiene paños rojos que llaman “tapaderas” tejidos en telar y bordados con pájaros de una o dos cabezas , para ir a las iglesia se cubren por los general, con un chal negro.

En el siglo pasado, los solteros no  usaban sombrero si no que se cubrían también con tapaderas; las llevaban dobladas  sobre el hombro y les servían para darse viento y ahuyentar los moscos o para proteger la cabeza del sol, las trenzas están entretejidas  con dos cintas de lana negra  dobladas a la mitad  caen en la espalda  y los cabos sueltos de lana cuelgan casi a la orilla del huipil. Otras usileñas  las enrollan alrededor  de la cabeza, las enlazan  y las cruzan en la frente de manera sobresalga  un asa redonda; rematan las trenzas detrás de las orejas y dejan poder a los extremos de las cintas sobre los hombros, se adornan con collares de vidrio que bajan hasta el pecho  y con aros de oro en las orejas.

San Felipe Usila es uno de los pueblos Chinantecos donde durante el carnaval los hombres usan máscaras, son de cartón con bigote blanco  y simulan ancianos  o de madera con piel de venado. El diablo baila con un chicote, se viste con retazos de piel y en la mano luce un cuero de tejón disecado, al que llama su hijo, celebran la semana santa con extraordinaria solemnidad y procesiones nocturnas.
En sus ceremonias hay recuerdos de costumbres antiguas, transformadas en ritos católicos por los primeros misioneros, sobreviven  en ellas algunos detales singulares que no se ajustan a la liturgia y dejan perplejos  a los espectadores foráneos, otra ceremonia tiene lugar el día de corpus. En la madrugada las mujeres  arreglan hojas de palmeras: cortan la parte tierna y verde y dejan solo las nervaduras donde se ensartan pétalos rosas y amarillos de cacalaxochiitl.

Los hombres salen de la misa e inmediatamente después de la comunión  corren al rio, se desnudan y se tiran al agua para coger con las mano algún pececito o pequeños crustáceos. Afortunadamente el rio abunda en peces y los usileños, formidables  buceadores  conocen  al dedillo los escondrijos entre las rocas, así muy pronto vuelven a aparecer con la presa en la mano.

Rápidamente se visten y se trepan a los arboles cercanos para cortar flores perfumadas y ponerlas en la boca o entre las pinzas de sus víctimas. Luego clavan los pescados  o los camarones. Todavía vivos  en la nervadura puntiaguda  de las hojas de la palma, cuando la procesión con el santísimo sale de la iglesia  se dirige al rio, pasa bajo un arco- que parece  hecho  de enormes espinas de pescado, cuyas puntas tienen vida y se agitan como centellas de plata.

 










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