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Fan de Peña, de restaurantero a experto en espionaje

CIUDAD DE MÉXICO.- Rodrigo Ruiz Treviño, puede presumir ser un empresario visionario. Dejó el ramo de restaurantes y bares para incursionar, en el 2012, en el mercado del espionaje.

Apasionado seguidor de Enrique Peña Nieto, el 26 de junio de ese año, en vísperas de la elección presidencial, presumió en las redes una foto con el exgobernador del Estado de México. Escribió: “Aquí con mi próximo presidente de México @EPN!!! #PeñaPresidente”. La imagen es inequívoca, el joven empresario, la camisa desabrochada, posa su mano izquierda en el hombro del candidato quien sonríe para la cámara.

Apenas el 15 de mayo de 2012, Ruiz Treviño fundaba junto con el israelí Asaf Zanzuri la empresa Balam Seguridad Privada, que en dos años, se convirtió en una de las principales proveedoras del gobierno federal en sistemas de inteligencia y seguridad, como publica el semanario Proceso en uno de los reportajes principales de su edición 2121, que empezó a circular este domingo 25.

De hecho, Balam Seguridad Privada se convirtió en una de las empresas intermediarias que vendió al gobierno de Peña el polémico software Pegasus, desarrollado por la empresa israelí NSO, cuyo propósito es infectar teléfonos celulares a través de mensajes de texto para tomar el control del dispositivo, incluido su micrófono y su cámara y mediante el cual se ha espiado a activistas y periodistas incómodos al poder.

Asaf Zanzuri, se encargó de conseguir las tecnologías con compañías de su país natal, mientras que su socio mexicano Rodrigo Ruiz Treviño, puso a caminar sus relaciones con la élite política.

Ruiz Treviño, de 35 años, es sobrino de Guillermo Ruiz de Teresa, actual coordinador de Puertos y Marina de la Secretaría de Comunicaciones y Transportes (SCT), quien a su vez, es amigo cercano del senador priista Emilio Gamboa Patrón.

Ruiz de Teresa escaló en la política siempre de la mano de Gamboa Patrón. Ambos han estado juntos incluso en momentos difíciles, como en el caso Pemexgate, pues participaron en la estructura ilegal de financiamiento a la campaña presidencial del priista Francisco Labastida en el año 2000.

Aunque en el organigrama de la SCT Ruiz de Teresa aparece como coordinador de área, tiene el rango de subsecretario, con una percepción bruta de 161 mil pesos mensuales. En la reestructuración que se proyecta para esa coordinación de Puertos se planteó la posibilidad de convertirla en subsecretaría.

Antes de fundar Balam Seguridad Privada y convertirse en proveedor oficial, Ruiz Treviño sólo tenía experiencia en el negocio de restaurantes y bares. En las redes sociales solía presumir su vida de mirrey. Zanzuri, por su parte, había trabajado en la industria del espionaje en Israel y Europa, según su currículum.

En julio de 2015 Proceso reveló que Balam Seguridad Privada –y su filial Grupo Tech Bull– surtieron a diversas agencias de seguridad mexicana material de intercepción, así como un centro de mando desarrollado por Elbit, una de las principales compañías de Defensa de Israel.

Las agencias receptoras pertenecían a la Secretaría de Marina, la Procuraduría General de la República, el Centro de Investigación y Seguridad Nacional, la Policía Federal, así como “una gran cantidad de procuradurías, incluida la del Estado de México”.

Meses antes, el 6 de febrero de 2014, Balam Security sirvió de intermediario en la venta de dos aviones de espionaje Dominator XP –fabricados por Aeronautics Ltd– a las Fuerzas Armadas de México. El negociador del contrato fue Zanzuri.

La influencia de Gamboa Patrón

Ruiz de Teresa, el tío de Ruiz Treviño, tiene mucha influencia en los círculos políticos. Hace 17 años estuvo involucrado en el desvío de fondos del sindicato petrolero a la campaña presidencial del PRI. En ese escándalo de corrupción también participó Emilio Gamboa Patrón, su amigo desde hace décadas.

Ambos crearon, casi a la par, dos asociaciones civiles que sirvieron como fachada para traspasar por lo menos 500 millones de pesos del Sindicato de Trabajadores Petroleros de la República Mexicana a la campaña del priista Francisco Labastida Ochoa el año 2000. Las asociaciones compartían el mismo objeto social, domicilio y secretario técnico: Jorge Cárdenas Elizondo, tesorero del PRI en la campaña presidencial del 2000 y principal señalado en el desvío de fondos en el Pemexgate.

En aquellos días, Ruiz de Teresa y Gamboa tenían cargo en el PRI: el primero era secretario general adjunto y secretario particular del candidato Labastida; el segundo era secretario técnico del Consejo Político Nacional y coordinador de gestión de la campaña presidencial. Pese a las pruebas y testimonios, este caso de corrupción nunca fue castigado, y dos de los principales involucrados continuaron su ascenso político.

Y aunque el PRI perdió la elección ese año, Gamboa y Ruiz de Teresa se posicionaron. El primero logró un escaño en el Senado, luego fue diputado federal y de ahí pasó a la secretaría general de la Confederación Nacional de Organizaciones Populares, organismo que también cobijó a Ruiz de Teresa como secretario de Comunicación, coordinador ejecutivo y secretario adjunto.

En septiembre de 2009 Gamboa ayudó a su amigo a llegar al Congreso federal, en una maniobra que se convirtió en un escándalo nacional: la renuncia colectiva de diputadas para ceder su lugar a sus suplentes. Yulma Rocha, quien venía de ocupar una diputación local en Guanajuato, cedió su posición en el Congreso federal a Ruiz de Teresa, quien pese a ser oriundo de la Ciudad de México, declaró ser residente de San Miguel de Allende, donde tiene una casa de descanso.

Ruiz de Teresa y Gamboa refrendaron su amistad en octubre de 2016, cuando viajaron al área natural protegida Arrecife Alacranes, frente a la costa de Yucatán, donde fueron de paseo con el empresario Emilio Díaz Castellanos, contratista del gobierno federal y dueño del helicóptero en el que se trasladaron.

Un grupo de lugareños tomó imágenes de los visitantes cuando descendieron de la aeronave. El video se viralizó en redes sociales en medio de protestas de grupos ambientalistas. Ruiz de Teresa se justificó. Dijo que había ido a Yucatán invitado por Díaz Castellanos, un empresario que impulsa proyectos de infraestructura portuaria en el sureste del país.

El “mirrey”

Rodrigo Ruiz Treviño, nacido en San Miguel de Allende y dedicado a un negocio marcado por el sello de la secrecía y la inteligencia militar, no mantiene el perfil discreto que podría esperarse de un empresario dedicado a esos menesteres. Todo lo contrario: presume una vida de lujos al estilo mirrey, que adoptan algunos integrantes de la clase pudiente de México.

Acostumbra aparecer en revistas de sociales –una de ellas lo retrató como “uno de los empresarios más guapos de México”– y recordó su amorío con Anahí Puente, ahora primera dama de Chiapas. El joven empresario inunda sus cuentas de redes sociales con fotografías suyas practicando sus hobbies –sobre todo golf– o alardeando su cercanía con personajes famosos.

Previo a la creación de Balam Security, Ruiz Treviño administraba los negocios familiares. El 11 de octubre de 2007 su padre incorporó tres empresas en Manzanillo, Colima, en las que incluyó a su esposa e hijos –entre ellos Rodrigo– como accionistas, según las actas constitutivas de esas firmas, consultadas para la elaboración de este reportaje.

Operadora Moorea se dedicaba a la administración de bares y restaurantes y a la organización de eventos; Diversiones Moorea, se especializada en la vida nocturna, y Centros de Negocios del Club, vendía ropa y distribuía productos diversos. En las tres empresas el padre nombró a su hijo mayor, Alberto Ruiz Treviño, administrador único.

El año siguiente, el 19 de noviembre de 2008, Rodrigo Ruiz cofundó la empresa Comercializadora Integral de Querétaro, con tres amigos, uno de los cuales era Enrique Fausto Zorrilla Vázquez Mellado, un empresario de su edad que presidió entre 2010 y 2013 el Instituto Político Empresarial, una asociación civil perteneciente al PRI.

De acuerdo con el registro público de la propiedad, Ruiz Treviño y Zorrilla Vázquez Mellado son ahora los únicos dos accionistas de la empresa.

(Proceso)