México, la “gran fosa clandestina”

Un joven protesta por los desaparecidos de Ayotzinapa. Antropólogos abordan el tema de las desapariciones forzadas en foro en Morelia


Expertos abordan polémico tema de las desapariciones
Especialistas reunidos en Morelia abordan desde la óptica de la antropología forense el drama de los desaparecidos, que suman más de 33,000 en México, descrito como "la gran fosa clandestina".

"Yo creo que ahora, dada la situación que reina en nuestro país, el tema forense cobra una gran relevancia. Y con esta situación ha habido un 'boom' en muchas instituciones de formar antropólogos forenses", dijo José Antonio Pompa y Padilla, director de Antropología Física del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) y miembro del comité organizador del XIX Coloquio Internacional de Antropología Física Juan Comas, que se realiza esta semana en esta ciudad, Michoacán.

Pompa y Padilla indicó que este "boom" se nutre de técnicas cada vez más avanzadas para el trabajo forense.

"Por ejemplo, recientemente (se puso en práctica) un nuevo sistema con base en capas de formación en la raíz de los dientes" para determinar la edad al momento de la muerte con fines de identificación de restos, señaló.

Añadió que las ponencias sobre técnicas forenses constituyen una parte medular del programa de la actual edición del encuentro bienal.

Carlos Serrano Sánchez, del Instituto de Investigaciones Antropológicas de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), coincidió en que en el coloquio "se está impulsando el aporte al conocimiento de la población mexicana, orientado a la aplicación forense".

Subrayó que existe un aporte constante de la antropología física de México al conocimiento de su propia población, tanto la prehispánica como la contemporánea. "Y eso se ha incrementado sobre todo con la aplicación de técnicas moleculares", ahondó.

"El ADN permite ahora tener las herramientas y usarlas de muchas maneras, no solamente en la reconstrucción de la historia de la población, sino también en la identificación personal en esos ámbitos forenses", acotó.

La antropóloga Lilia Escorcia, también del Instituto de Investigaciones Antropológicas, aportó algunos datos duros sobre el drama de las desapariciones forzadas en su ponencia "México, la gran fosa clandestina".

Según datos oficiales, hasta julio había 33,482 personas "no localizadas", de las cuales 74% son hombres y 26% mujeres. El grupo con más desaparecidos es el de 10 a 14 años, con 4,934, añadió.

Los estados más afectados son Tamaulipas (6,079 casos), de México (3,854), Sinaloa (2,869), Jalisco (2,804), Nuevo León (2,592), Chihuahua (2,024) y Coahuila (1,666), todos con fuerte presencia del crimen organizado.

Destacó que las causas de las desapariciones difieren según la región. Mientras en el Norte muchos de los desaparecidos son gente que han levantado (secuestrado) el crimen organizado para realizar trabajos forzados o para usar sus servicios, como médicos, en estados como Veracruz se da por venta de órganos y personas.

Los familiares de los desaparecidos, dijo, se enfrentan a "la impunidad e inoperancia de las autoridades para la búsqueda, localización e identificación de los desaparecidos".

Además, a la escasez de expertos en ciencias forenses en las instituciones de justicia, el insuficiente acompañamiento de defensores de los derechos humanos y la revictimización por parte de las autoridades.

Una perspectiva desde las trincheras la proporcionó el antropólogo Miguel Alberto Villanueva, quien trabaja en la fiscalía de Oaxaca. "El reto principal es el tiempo. No hay cosas que se hagan rápido y bien, y menos cuando se te trata de una fosa (clandestina)", dijo.

"Puedo tener el mejor equipo, pero si el lugar no ofrece las condiciones de seguridad, es muy difícil. No es lo mismo que vayan las organizaciones (civiles) con el Ejército, la Policía, los medios. Tienen todo para estar el tiempo que se necesita. Yo acaso voy con uno o dos policías", manifestó.

En Oaxaca, apuntó, la violencia se relaciona con las pugnas entre las comunidades mismas vinculadas con actividades ilícitas como el trasiego de marihuana.

Para ilustrar los riesgos de los antropólogos forenses al realizar su trabajo en contextos de violencia, Villanueva narró lo ocurrido a unos colegas. "Va a ser un año que emboscaron a unos compañeros. Fueron por unos muertos, los sacaron, y ratatatatata", contó, imitando el sonido de una ametralladora.