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Masca la Iguana: El sacerdote violador

Dejad que los niños se acerquen a mi...

Luis Fernando Paredes Porras

El argumento inmediato de los defensores de los funcionarios de la iglesia es que “son hombres, no son perfectos” pero por eso mismo, por ser un humano corriente y común como todos deben pagar cuando los sacerdotes son pederastas.

La protección que el catolicismo da a los violadores es grande,  apenas el papa Francisco reculó y dijo en febrero que para los sacerdotes que han abusado de los niños es suficiente con una vida de penitencia, oración y la prohibición de la alejarse públicamente de su ministerio.

Ya antes pidio misericordia para el pederasta Maciel aludiendo lo avanzado de su edad.

Pederastas hay en todos lados y cada uno tiene sus métodos, el del ex sacerdote Eduardo Córdova  Bautista, quien fuera capellán y asesor de los movientos juveniles  católicos en San Luis Potosí era, de acuerdo a testimonios de sus víctimas, confersarse con técnicas alternativas.

Estas novedosas técnicas del cura se realizaban a través de masajes y pastillas relajantes para así abusar sexualmente de decenas de infantes a lo largo de 30 años y es el motivo que ahora se le busque en todo el mundo, dado que la PGR solicitó a la Interpol la reactivación de la ficha roja.

A Córdova se le acusa de privación ilegal de la libertad, abuso sexual calificado, corrupción de menores de edad y de violación equiparada y en 2014 en San Luis Potosi activistas de la fundación províctimas de pederastas colocaron espectaculares para lograr más denuncias de las personas afectadas.

El Vaticano no pudo ocultar sus acciones y le retiro el ejericio del sacerdocio, así que ahora es un prófugo corriente, común y peligroso.

Dice la iguana que mínimo deberían mandarlo a vivir al arroyo Moctezuma, aunque luego se pone a mascar y piensa que la suciedad de su arroyo existe en los torrentes vitales de ciertos abusadores; mira a su alrededor como quien busca a un prófugo y la observo pensando en cómo puede haber tanta vida en medio de la mierda.

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